martes, 31 de enero de 2012

La casa del olivo




La casa del olivo
Segunda parte de la autobiografía de Carlos Castilla del Pino

Es sorprendente cómo una persona de espíritu calmado ha conseguido una vida tan ajetreada. En el poco tiempo que ha pasado desde que acabé el libro ya me he topado con varios de los personajes célebres que aparecen en él durante mi vida cotidiana.
Los capítulos, aunque muy bien distribuidos temáticamente, a veces obligan a dar saltos en el tiempo, pero sin perder la lógica temporal global.
Es sorprendente que logre recordar tantos detalles de su vida, es tan sorprendente que hasta él mismo le parece casi sospechoso. Quizá por eso aporte tantas entrevistas, tantas fotografías, tantas pruebas de su propia vida.
Aunque lúcido y locuaz, esta vez no alcanza el excelente de la primera parte, merece un Notable alto.

Yerma




Yerma
Federico García Lorca

Lorca nunca defrauda. Cada una de sus obras es como una canción pegadiza. En el caso de los teatros es además como un baile. ¿Qué es lo que lleva a Yerma a acabar con la vida de su marido? ¿Es la presión social que negando su obligación de tener hijos la refuerza? ¿Es la cárcel fría en la que se ha convertido su matrimonio? ¿Es el anhelo de lo que pudo haber sido y que ya nunca será con el pastor que ahora se marcha para siempre? ¿O es su propio perfeccionismo, su propia presión autoimpuesta, sus ansias de convertirse en la esposa ideal?
Yerma es un laberinto en la mente de una mujer, un laberinto en el que te adentras cantando y bailando.

Yerma es una Matrícula de Honor

domingo, 29 de enero de 2012

Caín


Cain
José Saramago



Por primera vez Saramago no inventa soluciones increíbles para problemas imposibles, esta vez el premio Nobel se lanza a reescribir el más clásico entre los clásicos: El Antiguo Testamento.

La vejez le ha regalado una lengua suelta y un par de cojones para usarla. Reescribe y cuestiona las historias más célebres del Antiguo Testamento, las obliga a doblegarse ante la lógica racional unas veces y otras ante su propia ilógica religiosa. Constantemente lanza preguntas incómodas para la fe y cuestiona la supuesta bondad de las acciones de Dios, pero la única respuesta que recibe a cambio es la inescrutabilidad de los designios divinos. Entonces Saramago lanza en boca de Caín una exigencia: Dios debería ser todo claridad, basta de ocultaciones y medias respuestas.
Finalmente Caín logra debatir con Dios, es la conversación que espera toda la humanidad: el hombre defraudado pide cuentas a Dios. Pero la historia deja al lector ávido de las respuestas de Dios y no es que Saramago saque poco jugo a este debate final, es que, ¿quién puede responder por el Divino?

No merece menos de un Excelente.
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